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Monumento-Panteón
de los Caídos de la División Azul erigido
en 1991 en el Cementerio de la Almudena de Madrid por
la Hermandad y por la Fundación de la División
Azul. |
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La
Hermandad de la División Azul tiene su origen en los años
1942 y 43 de las reuniones de la Madres y familiares de Caídos
que celebraban las Misas por sus difuntos, primero en la Iglesia de Sta.
Bárbara y a continuación ya en la Capilla instalada en el
”Hogar de la División Azul”, organizando a posteriori
la Hermandad de Familiares de Caídos.
A esta Hermandad se fueron adhiriendo familiares de prisioneros y excombatientes,
siendo en aquel momento una de las preocupaciones principales la repatriación
de los Prisioneros en la URSS, por lo que actuaron intensamente en este
sentido ante las Autoridades competentes y transformando la Hermandad
en “Hermandad de Familiares de Caídos y Prisioneros y Ex
Combatientes de la División Azul”, hasta conseguir su objetivo
con la repatriación de los Prisioneros el 2 de abril de 1954.
Con el paso del tiempo los Familiares de los Caídos fueron distanciándose
de la Hermandad transformándose ésta en “Hermandad
de la División Azul”, en la cual tenían cabida los
familiares y Excombatientes, sin olvidarse de los Caídos, como
veremos a continuación.
El
29 de abril de 1959, en la audiencia concedida por el entonces Jefe del
Estado –Francisco Franco- a la Junta Directiva de la Hermandad Nacional
de la División Azul, presidida por Carlos Pinilla Turiño,
éste último, tras manifestar los sentimientos de adhesión
al Caudillo, expresó: “Finalmente queremos haceros un ruego
que lo es también de las madres de nuestros Caídos: En tierra
irredenta, en tumbas sin cruces, bajo un cielo barrido de estrellas, camaradas
nuestros, los mejores, duermen el sueño de la paz. Os pedimos que
sus restos gloriosos vengan aquí para aguardar la resurrección
de la carne en la Basílica de la Santa Cruz del Valle que Vos ordenasteis
levantar como homenaje de gratitud al Señor, Dios de los Ejércitos”.
El Generalísimo con otra sentida alocución en la que primordialmente
resaltó, al referirse a la Hermandad, que: “los actos de
los hombres que merecen un sitio en la Historia no perdurarían
si su obra no fuera recogida por ellos mismos y perpetuada, a través
de los tiempos, por las generaciones que han de sucederles”, y en
la que asimismo significó que los restos de nuestros gloriosos
Caídos era una de sus preocupaciones y que intentaría, en
el momento oportuno, su recuperación, encomendando a la Hermandad
la localización de los emplazamientos de los Cementerios y tumbas
españolas.
Por
los años sesenta hubo otra iniciativa de la Hermandad para dar
una solución a estos Caídos, encargando la misión
al, en aquel entonces, Ministro Solis para que hiciera las gestiones cerca
de Franco, al amparo del intercambio comercial que se venía desarrollando
sigilosamente, con resultado negativo. |