Resumen de las gestiones sobre nuestros Caídos a 15/07/04

 

Monumento-Panteón de los Caídos de la División Azul erigido en 1991 en el Cementerio de la Almudena de Madrid por la Hermandad y por la Fundación de la División Azul.

La Hermandad de la División Azul tiene su origen en los años 1942 y 43 de las reuniones de la Madres y familiares de Caídos que celebraban las Misas por sus difuntos, primero en la Iglesia de Sta. Bárbara y a continuación ya en la Capilla instalada en el ”Hogar de la División Azul”, organizando a posteriori la Hermandad de Familiares de Caídos.
A esta Hermandad se fueron adhiriendo familiares de prisioneros y excombatientes, siendo en aquel momento una de las preocupaciones principales la repatriación de los Prisioneros en la URSS, por lo que actuaron intensamente en este sentido ante las Autoridades competentes y transformando la Hermandad en “Hermandad de Familiares de Caídos y Prisioneros y Ex Combatientes de la División Azul”, hasta conseguir su objetivo con la repatriación de los Prisioneros el 2 de abril de 1954.
Con el paso del tiempo los Familiares de los Caídos fueron distanciándose de la Hermandad transformándose ésta en “Hermandad de la División Azul”, en la cual tenían cabida los familiares y Excombatientes, sin olvidarse de los Caídos, como veremos a continuación.

El 29 de abril de 1959, en la audiencia concedida por el entonces Jefe del Estado –Francisco Franco- a la Junta Directiva de la Hermandad Nacional de la División Azul, presidida por Carlos Pinilla Turiño, éste último, tras manifestar los sentimientos de adhesión al Caudillo, expresó: “Finalmente queremos haceros un ruego que lo es también de las madres de nuestros Caídos: En tierra irredenta, en tumbas sin cruces, bajo un cielo barrido de estrellas, camaradas nuestros, los mejores, duermen el sueño de la paz. Os pedimos que sus restos gloriosos vengan aquí para aguardar la resurrección de la carne en la Basílica de la Santa Cruz del Valle que Vos ordenasteis levantar como homenaje de gratitud al Señor, Dios de los Ejércitos”.
El Generalísimo con otra sentida alocución en la que primordialmente resaltó, al referirse a la Hermandad, que: “los actos de los hombres que merecen un sitio en la Historia no perdurarían si su obra no fuera recogida por ellos mismos y perpetuada, a través de los tiempos, por las generaciones que han de sucederles”, y en la que asimismo significó que los restos de nuestros gloriosos Caídos era una de sus preocupaciones y que intentaría, en el momento oportuno, su recuperación, encomendando a la Hermandad la localización de los emplazamientos de los Cementerios y tumbas españolas.

Por los años sesenta hubo otra iniciativa de la Hermandad para dar una solución a estos Caídos, encargando la misión al, en aquel entonces, Ministro Solis para que hiciera las gestiones cerca de Franco, al amparo del intercambio comercial que se venía desarrollando sigilosamente, con resultado negativo.